Croacia, pequeño pais para grandes vacaciones
Es una isla que le pertenece únicamente a usted. Y un faro. Un refugio a salvo de las preocupaciones cotidianas, que se quedan muy lejos a su espalda. Una ocasión para conocerse a sí mismo y para vivir la naturaleza virgen. Para comer pescado recién sacado del agua y bañarse en una bahía particular. Sin vecinos y sin testigos. Sólo usted y los que haya escogido. Y su isla, una isla por la que no tiene que pagar toda una riqueza. Y que, sin embargo, no pertenece a nadie más que a usted.
Es un rincón del universo solamente suyo, porque ha sabido escoger. Ya que ha venido a Croacia.
Las islas son más de mil. Cada una de ellas es diferente. Muy pocas están habitadas. Y todas son excepcionales. Cada una con su historia y con su destino particular.
A causa de ellas se hacían guerras. Su gracia quitaba el aliento a los soberanos, su belleza volvía impotentes incluso a los que innumerables veces habían demostrado su fuerza. A su vista se quedaban mudos los que se habían hecho célebres gracias a la destreza (le su pluma. Usted también se parará a observar su belleza. Y, ebrio de su paz, volverá siempre.
Además, cada uno de nosotros tiene debilidad por algo. Los buenos conocedores de las islas croatas tienen miles de ellas.
Sólo la primera visita al Adriático croata y a sus islas será para usted un viaje a lo desconocido. Todas las visitas posteriores serán un redescubrimiento de una belleza ya familiar. Siempre diferente, eso sí, pero también una belleza garantizada. Sin fecha ele expiración. Después de una primera excursión a través del esplendor, la belleza y la calina cíe las islas, para usted ellas se convertirán en un destino permanente, donde encontrará sus universos particulares, tal como siempre los había deseado. Y que ha acabado por encontrar. Allá terminará felizmente su búsqueda de sí mismo y de aquellos que desee. Un destino a la que irá volviendo con placer y donde la gente estará encantada de recibirle. Nadie se alegra tanto de cada nuevo encuentro con un conocido o con un visitante como los que durante siglos, durante toda su vida y todo su destino los veían partir.
Espere lo que fuere de sus vacaciones, este país es la opción más acertada para ello. En el corazón mismo de Europa, y sin embargo tan particular, Croacia le ofrecerá inolvidables momentos de descanso. No obstante si es usted un navegante osado a bordo de un barco propio o alquilado o un aficionado a los deportes, un explorador de las profundidades del mar o bien un buscador incansable de valores históricos y culturales, en Croacia siempre llegará a buen puerto.
Croacia es la mejor opción para los que deseen explorar monumentos del pasado, o bien para los amantes de playas solitarias, los largos paseos junto al mar o la animación de las pequeñas ciudades mediterráneas, cuyo número de habitantes se. multiplica por dos durante los meses de verano. Cada uno encontrará aquí lo que siempre había anhelado. Incluso más todavía. Descubrirá una naturaleza intacta, le encantará la alegría de cada nuevo amanecer y de cada encuentro con una vida de la que había oído hablar muchísimas veces, pero que, demasiado ocupado corriendo detrás del tiempo, del dinero o de sí mismo, nunca había tenido la oportunidad de vivir. Sin duda alguna, aquí encontrará su rincón preferido. Un refugio a salvo de las tempestades de la vida que, ayer aún tan cerca se han vuelto como por milagro vagas fáciles de resolver e insignificantes. Aquí, en cada ocaso, encontrará su faro, vislumbrará aquella costa que de repente, bruscamente, habrá comprendido que es la que siempre había buscado.
A Croacia le pertenecen 1.777 kilómetros de costa continental del Mar Adriático, a lo largo de la cual hay exactamente 1.185 islas, islotes y rocas. Solamente 66 de esas islas están habitadas. Cualquiera de las demás puede ser sólo suya. La historia sobre un país de mil islas no es, por lo tanto, un mero cuento...
El mar aquí siempre ha significado la vida. El mar ofrecía muchas cosas, pero también privaba de muchas otras. Numerosas veces en el pasado había sido un campo de batalla, pero siempre fue el lugar de despedida de los que, para asegurarse la existencia, como pescadores o marinos se aventuraban a lo desconocido. Los unos temporalmente, los otros para siempre. La gente acudía allá, a la orilla del mar, para despedirlos. O bien para darles la bienvenida. Esta es la razón de la melancolía conmovedora de las canciones isleñas, y de aquella mirada pensativa que sigue a los barcos que se pierden en el horizonte. Es también la razón de aquella alegría a cada nuevo encuentro. Y una mesa repleta de pescado, de higos y de vino del país. La tradición marítima croata, rica, célebre y honorable, data de hace más de mil años. Los marinos y los constructores navales croatas mostraban y enseñaban su arte y sus conocimientos por todos los mares y por todos los puertos del mundo. Las naves y las profundidades del mar muy a menudo vestían de luto a las mujeres isleñas. Cuando echaban el ancla, era la alegría, las interminables historias sobre un mundo desconocido. Y también era la riqueza, y una vida diferente.
Allí se encuentran lo viejo y lo nuevo. La isla sigue su ritmo de antaño, pedirá prestado a la civilización lo que le haga falta para que uno pueda vivir mejor. Pero, aún conserva sus procesiones, sus santos patrones, que son los únicos que pueden protegerla de los vientos del norte y de los calores tórridos, de las tempestades y de las enfermedades. Aún conserva sus estatuas, sus pañuelos negros y sus oraciones. Por los marinos, los pescadores y los destinos. Y por toda la gente de buena voluntad.
Leerá muchas cosas en el rostro de un viejo marino. El no conoce ni la jubilación, ni el descanso. El mar es una droga: por mucho que lo intentes, nunca conseguirás resistirle. El mar no tiene remedio ni ayuda, en vano son todas las Américas, todos los sermones y todas las promesas. El mar es el destino, la maldición y la dicha, la amenaza y el voto.
Y sólo cuando haya acompañado a un pescador comprenderá que hay algo fascinante en esa profundidad que amenaza e invade. Todo lo demás le parecerá por un instante lejano e insignificante. El trabajo, el aire acondicionado, el mal humor al despertarse temprano por la mañana y el eterno estrés de las grandes ciudades que anuncia la enfermedad, la mezquindad y la desgracia. Jamás nada bueno.
Allí, en su isla, todo está al alcance de la mano de todos, pero cada uno dispone de un universo aparte. Olvidará a sus ruidosos vecinos y la eterna lucha por satisfacer, con poco dinero, muchos deseos. Todas esas preocupaciones pierden su importancia y queda una sola: que la red esté llena. Con los vecinos como testigos de la abundante pesca.
En las islas se vive a un ritmo peculiar. Todos se conocen. Se cuentan los años y las arrugas. Y raros son los que sabrán definir con precisión el color del Mar Adriático. A veces azul oscuro, a veces de un azul verdáceo, el mar - eso depende de la hora, del ángulo de refracción de los rayos de sol - se irisa incansablemente en mil matices. Pero, siempre es precioso. .único.
QUÉ ES QUE ISLAS SIGNIFICAN PARA CROACIA
Es difícil expresar todo lo que las islas significan para un país y sus habitantes. Sin duda alguna, usted también estará de acuerdo con que hay algo especial en el momento de dejar la tierra firme y dirigirse hacia lo desconocido. Y todas las preocupaciones se vuelven de repente insignificantes, y toda la rutina de la vida cotidiana se va quedando cada vez más lejos a su espalda.
La estadística, por ejemplo, no le dirá casi nada sobre las pequeñas ciudades isleñas y los paisajes solitarios que recobrarán vida solamente con una visita inesperada de los agricultores o de los turistas deseosos de un contacto directo con la naturaleza.
Y aunque es verdad que para los isleños la distancia del continente una vez fue un handicap, esa misma distancia los ha protegido de las chimeneas industriales y otras desgracias que conlleva la civilización. En vez de ello, en las islas se han conservado intactos los infinitos campos de lavanda, los viejos olivares y los viñedos, una armonía virgen entre la naturaleza y el hombre. Hay allí aceitunas y vino, así que un visitante deseoso de establecer contacto con la naturaleza para parar a comer preferirá una vieja bodega, la llamada konoba, a un restaurante de alta categoría. Se verterá entonces un buen vino casero, resonará una vieja canción isleña, que le alejarán de la uniformidad de unos días siempre parecidos y de la rutina de la vida. Durante siglos y durante los sufrimientos humanos también se han conservado allí numerosos oasis de la cultura y la escritura, los testimonios de la identidad, incluso cuando muchos intentaban, y en ciertas zonas conseguían temporalmente, aniquilarla.
Las islas construyen, obviamente, su presente, pero también su futuro, por lo general en el turismo. Y es por eso que cada visitante es realmente el Visitante, y que cada deseo suyo es una ley.
Lo saben muy bien los respetuosos anfitriones, que le ofrecerán pan casero y jamón serrano, una mandarina recién cogida de la rama o bien pescado sazonado con aceite de oliva casero. Sin aditivos ni conservantes y con aquel sabor natural que uno llega a percibir sólo cuando, gracias a su estancia en la isla, ha empezado a sentir también su unión con la naturaleza virgen.
Cada una de las islas tiene algo solamente suyo, irrepetible. Y cada persona espera recibir de ella algo distinto. Hoy en día, estando bien comunicadas con tierra firme por mar y con conexiones aéreas, las islas tienen un puesto realmente excepcional en la vida de Croacia. Aunque Croacia es conocida por su naturaleza intacta, la armonía conseguida entre el desarrollo y un medio ambiente protegido, sus islas son, sin embargo, algo especial. En ellas culmina todo lo mejor que han creado la naturaleza y el hombre y que su armonía ha dejado como testimonio de una vida primordial y dinámica.
En las islas cada ciudadano de este país hablará, simplemente, con un orgullo y una añoranza especiales.
Si la vida es la prosa, las islas y la estancia en ellas son, indudablemente, la poesía.
LAS ACUARELES DEL ALTO ADRIÁTICO
Y cuando haya escuchado el aire de los viejos instrumentos populares junto a la música de los grandes maestros, cuando haya tomado su cappuccino en uno de los numerosos cafés junto al mar, cuando haya tomado el pulso de las verdaderas metrópolis turísticas o percibido el ambiente romántico de las estrechas callejuelas cuya memoria es centenaria, hasta milenaria, todo eso será - Istria. Esta región vive como en una pintura, al ritmo de unos paisajes maravillosos, fascinantes, y el tiempo entre la despedida y una nueva visita se hace cada vez más corto. Esa zona, intermediaria entre los Alpes y Europa Central de un lado, y los paisajes dináricos y los mediterráneos del otro lado, es característica por sus pueblos idílicos, sus bosques, sus viñedos y, en primer lugar, sus famosos centros turísticos, cuyos nombres están inscritos con letras mayúsculas en el mapa turístico europeo: Umag, Novigrad, Porec, Vrsar, Rovinj, Pula...
Muy cerca de Porec, gigante turístico, se encuentra la pequeña isla de Sv. Nikola, San Nicolás, destino preferido de los amantes de las bellas playas solitarias. Con su faro, construido en 1402, esta isla, según la opinión general, representa la cuna del turismo contemporáneo de Porec. Frente a Vrsar, antiguo pueblo de pescadores y de viticultores y hoy en día célebre centro turístico, se han esparcido numerosos islotes. En uno de ellos, el de Koversada, se encuentra un famoso camping nudista, uno de los más grandes de este tipo de nuestra costa del Adriático.
Bajo el número catorce, tal vez, a partir de ahora, el número que le traerá la suerte, se esconde un gracioso archipiélago situado delante de las costas de Rovinj, otro de los grandes centros turísticos de Istria - las islas de Rovinjski otoci. Es, en realidad, una concentración muy rara - dos perlas, una frente a otra. El archipiélago, con las playas más bonitas de todas las playas, por lo general, muy atractivas de la región de Rovinj, habitado por gaviotas, es a la vez la base de un turismo de alta categoría, cuyo sinónimo es la Isla Roja, Crveni otok, unida, o bien separada por un estrecho istmo del islote de Maskin, paraíso nudista. La isla de Santa Catalina, Sv. Katarina, está situada a apenas 70 metros de distancia de tierra firme. Cerca de Pula, centro turístico, económico y de comunicaciones lleno de símbolos fácilmente reconocibles, siendo el Anfiteatro, sin duda alguna, el más impresionante entre ellos, navegaremos por el canal de Fazana para dirigirnos hacia el archipiélago de Brijuni. Allí, entre Pula y Rovinj, concentrado sobre siete kilómetros de largo, se encuentra un grupo de catorce islas. Ayudada por el hombre, la naturaleza creó allí un verdadero paraíso que, en el cruce entre el siglo pasado y el actual, encantó a uno de sus propietarios, Paul Kupelwieser. Cuando él, director de la industria de acero de Vitkovice y experto en metalurgia de gran renombre, compró las islas de Brijuni, no se imaginaba en absoluto que ese encuentro fatal fuera a absorberlo de tal forma que habría de cambiar toda su vida. Imaginándolo en un principio como residencia de verano de su familia, ese cincuentón, hijo del famoso pintor y litógrafo vienés Leopoldo, decidió dejar la industria del acero y dedicarse al archipiélago, el cual le devolvió esa devoción de una manera de- interesada. Las islas de Brijuni fueron, hasta la aparición de la invencible competencia de los nuevos centros turísticos de Italia, el exclusivo destino del verano europeo.
Puesto que ni siquiera hoy en día la belleza única de ese parque nacional, la armonía de una flora y una fauna extremadamente ricas, los monumentos históricos y los hoteles modernos, tienten otros iguales en el mundo, este antiguo y actual destino de políticos y de otras personalidades del mundo entero funda su futuro en un turismo exclusivo.
La piedra de Brijuni era utilizada desde la época romana para la construcción de numerosos edificios de Pula, Trieste, Venecia o Viena. Allí podrá descansar a la sombra de una rica vegetación de hoja perenne. O bien se quedará maravillado a la vista de los pinos y los olivares centenarios. Porque, los siglos de su resistencia a las tempestades se lo merecen. Y - estamos seguros - encontrará también un oasis de los sueños sólo suyo y un universo que creía que existía solamente en películas y en la vida de los propietarios de unas cuentas bancarias imponentes. ¡Está equivocado! Mañana mismo ésta puede ser también su realidad.
La despedida de Istria - aunque, claro está, sólo hasta un próximo encuentro - es a la vez la apertura de un nuevo libro, el paisaje del Golfo de Kvarner. El Kvarner es igualmente un destino frecuente de los clientes exigentes que saben apreciar un buen servicio turístico. Claro está, podríamos hablar de las bellezas naturales, del encanto de sus pequeñas ciudades turísticas. En vez de eso, basta con decir - como sinónimo - Opatija. En su calidad de viejo balneario mundano, de cuya belleza se inspiraban desde el siglo pasado las personalidades ricas, influyentes y famosas, contribuyó, con su tradición, a la redacción de las páginas más luminosas de la historia turística croata.
Krk, de oro o verde, es una isla y no lo es. Lo es gracias a su naturaleza idílica y a la distancia psicológica de la vida cotidiana. No lo es a causa de sus buenas comunicaciones. Esa isla, en la cual existe también un aeropuerto, está separada de tierra firme por el mar, pero está unida con ella por un puente que, en la época en que fue construido, no tenía otro igual en el mundo. Para los unos, Krk es una isla de oro. Los otros la llaman verde. Tanto los unos como los otros tienen razón. Los primeros la valoran según los parámetros turísticos. Para los otros es decisivo el color de su vegetación. En la isla de Krk, si así lo desea, descubrirá su isla particular: todas sus variedades, las localidades pequeñas y grandes, todos los contrastes de sus paseos verdes y serenos, el paisaje salvaje y excitante de los peñascos desérticos, todos aquellos islotes, centenares de bahías ocultas y de playas solitarias. Porque, los islotes de Plavnik, Kornat, Galun, Prvié y Zec son un cebo especial para los excursionistas. Tal vez sea verdad que no ofrecen ni la animación ni la riqueza de la oferta de las ciudades isleñas más conocidas, como Baska, Punat, Malinska, Omisalj, Njivice o Krk. Pero a cambio le ofrecerán desinteresadamente - frente al desarrollo turístico de Krk - una naturaleza virgen e intacta.
La historia de la vida en la isla de Krk es milenaria, tal como lo testimonian los mosaicos de las termas romanas y la sencillez de las iglesias paleocristianas croatas, la riqueza de los monumentos glagolíticos, el patrimonio de los príncipes Frankopan de Krk o bien las pinturas de los maestros vénetos. Para Croacia, la isla de Krk tiene un significado muy especial. Ella fue durante mucho tiempo el centro de nuestra primera escritura y la cuna de la lengua croata. Lo testimonia la Placa de Baska, uno de los monumentos más antiguos de la escritura croata. Allí se encuentran también los famosos centros turísticos como Malinska, la ciudad de Krk, rica en monumentos prehistóricos, ¡lirios, griegos y romanos, Punat, con la marina más grande de la costa del Adriático croata, o bien Vrbnik. Esta localidad, situada en la costa noreste de la isla, sobre un peñasco de 50 metros de alto, es una verdadera atracción para los pintores. Es la ciudad fortificada croata mejor conservada y está llena de monumentos glagolíticos grabados en piedra o manuscritos, puesto que Vrbnik fue durante siglos el centro de la cultura glagolítica de la isla de Krk. Baska, importante centro turístico, comenzó a redactar su historia turística a principios de este siglo.
Cerca de Krk se encuentra el islote de Kosljun, el único habitado de todo el archipiélago de Krk. Pequeño, pero extremadamente rico, es conocido por su convento de los franciscanos, un liceo centenario, una rica biblioteca, varios museos, colecciones y objetos raros. Y otra cosa más: en la isla de Kosljun fue fundada una institución financiera, una de las primeras de ese tipo de toda Europa, la llamada Casa de Préstamo de Kosljun, que funcionó desde el siglo XVII hasta el siglo XIX. Era una especie de instituto financiero para proteger a los pobres de los usureros. Encontrará allí numerosos testimonios de la vida local, como por ejemplo un proyector de diapositivas a petróleo, una plancha de madera o bien una coleccion de pañuelos que nos revelan discretamente si la mujer es casada, soltera, viuda y de qué pueblo de Krk es originaria. En este islote, llamado, con toda la razón del mundo, paraíso terrenal, no hay ni serpientes ni lagartos.
Nuestro próximo destino son Cres y Losinj. ¿Una isla o dos? Una vez unidas, hoy en día están separadas por un canal abierto por los romanos. La costa norte de Cres se adentra en lo más profundo de la bahía de Rijeka y está expuesta a las ráfagas del viento del noreste llamado bura. En invierno, sus cimas están a menudo blancas. ¡Nieve en una isla mediterránea! La parte meridional de la isla está protegida del bura, de manera que el clima es claramente mediterráneo. Además, Mali Losinj se cuenta entre los lugares más soleados de Europa. Los bosques de Losinj serán un refugio precioso.
Como una curiosidad aparte en la isla de Cres cabe destacar el raro fenómeno del lago de Vrana, cuya superficie abarca 5,75 kilómetros cuadrados. El nivel de ese lago de agua dulce está sobre el nivel del mar, y su fondo, a 74 metros bajo. Cres es también una de las últimas reservas de un pájaro muy raro, el buitre de cabeza blanca (Gyps Fulvus).
Uno debe atravesar tres puertas para entrar en el casco viejo de Cres, ciudad principal de la isla cuya historia, reflejada en numerosos monumentos, se lee a cada paso. La historia de sus habitantes - su posición social y sus profesiones - está inscrita en los escudos familiares o las herramientas talladas sobre los pórticos de sus casas: herramientas de herrero y de carpintero en las casas de los artesanos, y un pez en las de los pescadores.
Los apogeos y las caídas de Osor, ciudad en las épocas pasadas y pueblo hoy en día, tienen que ver con la tradición marítima, ya que gracias a ella la ciudad se hizo rica, pero también, después de la aparición de las naves demasiado grandes para su estrecho istmo, vio decaer su importancia. Sin embargo, las murallas, los templos, las inscripciones, las esculturas, la catedral y otros testimonios de la rica y agitada historia de Osor se animarán en verano gracias al festival cultural llamado Veladas de Osor. Y se animarán también las callejuelas y las casas adornadas con flores exuberantes, de diferentes colores y aromáticas. El pueblo se convertirá así en una metrópoli cultural.
Lubenice, una de las localidades más antiguas de la isla de Cres, está construida sobre un peñasco que se eleva a 387 metros sobre el nivel del mar, de manera que el mar y las gaviotas se ven desde lo alto. Esta pequeña ciudad pintoresca, con su plaza, su campanario y su iglesia gótica de Sv. Antun, San Antonio, ermitaño del siglo XV, es el punto de choque de los relámpagos, los truenos y las nubes que se encallan en los tejados. Pero, sus habitantes son cada vez menos numerosos. Beli, pequeña ciudad que se cuenta entre los valores protegidos de la isla, le ofrece la posibilidad de conocer la arquitectura única de los siglos pasados, excepcional y bien conservada.
El clima de Losinj es muy agradable, sobre todo gracias a los bosques de que está cubierta la isla, de modo que es un centro turístico y a la vez un balneario. Acudían a Losinj, en búsqueda de salud, numerosos soberanos, entre otros también el Emperador austriaco Francisco José y el Príncipe Rodolfo; el archiduque Francisco Fernando pasó allí hasta seis semanas de vacaciones. Gracias a esa popularidad y a la eficacia de su clima, la construcción de las primeras residencias de verano comenzó ya en el siglo pasado. En Losinj todo recuerda aún un rico pasado marítimo: la vegetación traída de los países lejanos, las pinturas de los veleros que se conservan en Mali Losinj y en Veli Losinj, las ricas casas isleñas que encierran los recuerdos de los innumerables viajes.
La localidad turística más antigua y más atractiva de la isla de Losinj es Cikat que, a la sombra de los pinos centenarios, esconde hoteles de línea moderna, pero también aquellos de una arquitectura clásica, según el ejemplo de las villas de Monte Carlo construidas por los últimos descendientes de la élite real europea.
Numerosos islotes ofrecen igualmente grandes posibilidades de estancia o bien de excursiones. En la isla de Ilovik, verde a causa de los pinos y aromática gracias a las flores, hay tan sólo dos tiendas, una oficina de correos y una célebre taberna, la "Rozmari", donde puede, si le apetece, comer, entre otras cosas, algunas especialidades americanas. Es un recuerdo del pasado de los que una vez habían sido dockers, barmen o agricultores americanos. Las casas de Ilovik están en buen estado, aunque, en la mayoría de los casos, vacías. Las mantiene, por supuesto, la gente de Ilovik que vive en América. Y que sueña con volver.
Entre las 1.185 islas e islotes esparcidos a lo largo de la Costa del Adriático, hechos de piedra afilada y algunos puñados de tierra fértil, la isla de Susak es una de las raras islas que la naturaleza ha construido de arena. Ha sido medida: hay unos 20 millones de metros cúbicos de arena, que dan un aroma especial al vino de Susak. Pero, ésa no es la única curiosidad de Susak. Cabe mencionar también las mujeres con sus trajes regionales mini, característicos de la isla, y, por muy bien que hable el croata, tendrá grandes dificultades para comprender su lenguaje. El pueblo de Gornje selo conserva el recuerdo más antiguo de Susak, las ruinas de un convento benedictino del siglo XI y la iglesia de Sv. Nikola, San Nicolás, santo patrón del pueblo.
Cada uno de estos islotes - y cabe mencionar también Koludarac, Unije u otros - tiene su propia historia y sus propias costumbres, pero todos ellos son únicos en su belleza. Muy raros son los habitantes que se quedan en ellos durante todo el año, y cada año son menos numerosos. Tan sólo en verano los islotes se animan con el murmullo del dialecto local salpicado con algunas palabras americanas. Y algunas costumbres americanas también. Los que se marcharon del islote en búsqueda de una vida más fácil, de un trabajo o de una prometida, volverán cada verano. La sangre conoce sus orígenes y uno nunca olvida sus raíces. Aquella chiquilla de Susak, que nació y vive en Nueva York, trastornó el orden natural de las cosas. En vez de un vestido modesto, se puso una minifalda, en vez de un marido, se ha presentado en compañía de, dice, un prometido. Pero, nadie ha visto aún el anillo, susurran las vecinas. Hay algo, se comentaba después de la misa del domingo, que no acaba de encajar. Pero, al fin y al cabo, lo más importante es que la pequeña vaya bien...
Lo nuevo en lo antiguo, la tradición y las costumbres modernas entretejidas en todas partes. Coexisten, creando una armonía peculiar. Una armonía que no se ve amenazada ni siquiera por aquel americano de Susak que, para demostrar que de verdad ha triunfado en el extranjero, ha hecho transportar a la isla un cabriolet. Todo el mundo lo ha visto, pero nadie ha ido a dar una vuelta. En las calles de Susak dos personas tienen grandes dificultades para cruzarse. Un hombre y un cabriolet, imposible.
¿Ha estado alguna vez en Rab, la siguiente de las islas del Kvarner? Ya a mediados del año 1889 las autoridades municipales proclamaron Rab balneario y centro médico, y nombraron a una comisión encargada de vigilar el estado de las carreteras, de los baños y de las habitaciones de los clientes. Los habitantes de Rab, por lo tanto, siempre hospitalarios, en aquella época ya habían trazado su camino. El Rey de Inglaterra Eduardo VIII dio un nuevo impulso muy importante al turismo de Rab y su orientación. Pasando allí unos días con la mujer amada, la americana Wallis Simpson, él, se afirma, fue el primero en bañarse desnudo. De esa forma en la isla fue fundado el nudismo. Los otros fundamentos, los reales, se vieron algo amenazados por ello.
La isla de Rab está separada de tierra firme, o bien unida a ella, por el Canal de Velebit, de manera que su estancia en la isla, donde la temperatura no baja casi nunca bajo cero, será embellecida por la nieve en la montaña de Velebit, ¡mera imagen de la vecina costa! Se pueden contar con los dedos de una mano las ocasiones en que, en este siglo, los habitantes de Rab han visto la nieve en su isla.
Esta isla del Adriático, una de las más pobladas de árboles de toda la costa y que tiene 300 manantiales de agua dulce, es una verdadera exhibición de vegetación, proviniendo una parte de ella de otras zonas climáticas. El orgullo de Rab es el jardín de Komréar, en el que crecen el laurel, el álamo, el ciprés, la higuera india, el romero y el pino piñonero, los agaves centenarias...
Numerosos mitos y anécdotas nos revelan la historia de esta isla. Las esculturas de la fuente de la Plaza de Sv. Kristofor, San Cristóbal, narran la leyenda de Draga la Modesta y Kalifront el Pasionado. Draga, habiendo hecho sus votos a la diosa, no debía responder a su amor, de manera que la diosa la transformó en escultura de piedra para salvarla del hombre atrevido. No es nada fácil imaginar los muchos y diferentes votos que han sido formulados al pie de ella.
La pequeña ciudad de Rab está rodeada de murallas medievales, de campanarios romanos, iglesias y palacios, calles enlosadas y antiguos pórticos. En verano, Rab, sus calles y sus plazas se convierten en una gran galería, en la que exponen muchos pintores famosos y desconocidos. Los que se denominan pintores ellos mismos, y los que al día siguiente cambiarán las calles de Rab por una de las célebres galerías. Allí, en medio de la multitud veraniega, siempre hay alguien buscando a un amigo perdido. Pero, también es posible huir. Huir a una playa solitaria. A un jardín. A un universo particular, que siempre le evocará el tiempo en que usted y esta ciudad románica y romántica eran uno.
Mil razones diferentes nos incitan a viajar a un país extranjero, a una isla o a una ciudad. Sólo la primera vez eso ocurre por casualidad. Tendrá muy buenas razones para escoger como destino la isla de Pag, un poco más al sur. Tal vez a causa de su relieve extraordinario, que le recordará la superficie de la Luna. Incomparable desde muchos puntos de vista y una verdadera ocasión para pasar unas vacaciones agradables, esta isla cubierta de olivares míticos, que igualmente construye su bienestar en la riqueza de sal, le ofrecerá bonitos recuerdos durante todos los futuros días de invierno, si se lleva consigo una parte de sus tesoros. Porque, los encajes de Pag, gracias a su tejido específico y su extraordinaria belleza, son comparados a los encajes de Bruselas. Y el queso de Pag es una verdadera delicia conocida en todo el mundo. La leche de cabra, el aceite de oliva, una elaboración muy particular... y he aquí una especialidad de la que no se avergonzará ni el mejor de los centros gastronómicos.
La actual pequeña ciudad de Pag fue fundada en el siglo XV, probablemente según los planos del gran constructor y escultor Jorge el Dálmata. De la época gótica tardía datan el Palacio del Rector, el Palacio Episcopal (sin terminar) y la iglesia parroquial, en la que están entretejidos los artes románico, gótico y renacentista. Otros han quedado enamorados a la vista de la belleza de la segunda ciudad más grande de la isla, Novalja, o bien del pintoresco pueblo de Lun, famoso por sus viejos olivares y sus bonitas playas vecinas.
LAS PINTURAS AL TEMPLE DE LAS ISLAS
¿Unas vacaciones sin telediario, coche o teléfono? ¿Cuántas veces había deseado escapar de la vida cotidiana y encontrar un universo sólo suyo! El problema era que no sabía dónde. Para usted, cansado del estrés de la vida cotidiana, las islas - y, en total, son más de 400 - ubicadas frente a las famosas ciudades-monumentos de Zadar y Sibenik, son la decisión más acertada. Situadas en Dalmacia central, completan la oferta turística de Croacia, cautivadoras no sólo por su belleza natural, sino también por sus monumentos históricos.
Entre los numerosos centros turísticos costeros mencionaremos tan sólo la antigua Ciudad Real, Biograd. O bien la pintoresca Primosten, una vez isla y unida más tarde con tierra firme - tal como testimonia su nombre -, convirtiéndose en península. Los muros sin argamasa de los viñedos de Primosten, como símbolo de la lucha por cada puñado de tierra fértil, son un verdadero himno al trabajo y a la perseverancia humana, estando una foto de ellos expuesta en el Palacio de las Naciones Unidas de Nueva York. Las islas y los islotes cubiertos de arbustos de hoja perenne y de olivares surgen del mar en formas más variadas, dibujadas por los valles y las colinas, las innumerables bahías y calas, los promontorios alargados. Y pasamos así a Olib, Silba, Premuda y Vir, y más lejos aún, a Dugi otok, Lavadra y Pasman. Olvide los diarios y la política, los trajes de gala y las corbatas. Las cadenas de la civilización se habrán quedado lejos a su espalda, le aguarda una naturaleza intacta. Las islas del Adriático central le fascinarán y le darán fuerzas. Y se volverán un sueño muy particular, soñado, eso sí, pero que también se hace realidad.
Silba es el nombre de una isla y de un pueblo de navieros, de capitanes y de sus viejas mansiones. El pueblo está situado en el centro de la isla, en las costas este y oeste de su promontorio alargado, y su puerto está siempre protegido de los vientos. Desde los miradores de sus casas uno puede admirar el inmenso mar. La alegría de un nuevo reencuentro comenzará de esta manera antes para los que esperan, y las despedidas, más tarde. Muy cerca se encuentran tres islotes llamados Grebeni, Escollos, una reserva geomorfológica.
Ist, isla de pescadores y de marinos, es conocida por todos los navegantes como un refugio seguro. Molat tiene innumerables bahías, siendo la más conocida entre ellas la que se encuentra frente a Brgulj y en la que encontró su puerto de salvación el Rey de Inglaterra Eduardo VIII mientras navegaba por ese archipiélago. El islote de Zverinac fue en épocas pasadas propiedad de las familias nobles de Zadar; hoy en día es una isla cubierta de olivares, de viñedos y de higueras. Cabe mencionar también el islote de Sestrunj, con una localidad del mismo nombre- situada en la cima misma de la isla, con una vista espléndida sobre el archipiélago, y muchísimos otros.
La isla de Ugljan es él suburbio" y el jardín de Zadar. Está habitada desde la época romana y su nombre evoca su riqueza en aceite: en la isla hay unos 100.000 olivares. Las localidades se encadenan a lo largo de 22 kilómetros de costa. Preko es su puerto, su capital y su centro _turístico. Frente a la bahía de Jaz, con una playa conocida por su arena fina, se encuentra un pequeño islote idilico. Skoljic, destino preferido de nadadores, cubierta de espesos pinares y de palmeras; en el islote se halla también un convento de los franciscanos del siglo XV. El idílico islote de Osljak, cubierto de cipreses, esconde un pintoresco pueblo de pescadores y de marinos. Pero, no se le ocurra preguntarles por su apellido. Y, sobre todo, no vaya a buscar a un tal Valcic. Todos los habitantes se apellidan así.
Kukljica, centro turístico, tiene magníficas playas a los dos lados de la isla. En agosto tiene lugar la famosa fiesta de "Nuestra Señora de las Nieves", con una procesión y un convoy de barcas de pesca que sale del pueblo y se dirige hacia la iglesia situada en el estrecho de Ldrelac, donde, según la tradición, nevó a principios de un agosto de hace unos 400 años. Kali, un viejo pueblo de pescadores, está protegido por su santo patrón Lovre, Lorenzo, y el arte de pesca y de navegación de sus habitantes es superior a todos los del Mediterráneo.
La vecina isla de Pasman está en realidad unida a la de Ugljan. Una vez era posible vadear el estrecho istmo de Zdrelac que las separa. Pero, en 1883 fue perforado un canal navegable para barcos pequeños, el cual, en 1973, fue salvado por un puente. Pasman es más tranquila que Ugljan, pero las dos están cubiertas de olivares de un verde plateado, casi idénticas. Dos gemelas. En la isla de Ugljan se encuentra Tkon, un viejo pueblo de pescadores con un camping nudista y bonitas playas en la ribera de arena de Sovinje. Sobre la colina dominando Tkon se halla la pequeña iglesia pintoresca de Nuestra Señora de las Siete Penas.
Entre Ugljan y Dugi otok se encuentra la isla de Iz, conocida tanto por lo que tiene, como por lo que no tiene. Y lo que tiene es una abundante vegetación mediterránea. Lo que no tiene son coches. También tiene la célebre Fiesta de Iz, cuando todos, ancianos y jóvenes, se ponen a bailar la famosa "tanac". La isla de Rava es la preferida de los aficionados a los deportes náuticos por su clima suave y por su costa desarrollada.
La isla llamada "larga", Dugi otok, de una superficie de 114 kilómetros cuadrados, ofrece una ocasión única para pasar las vacaciones en una naturaleza preservada. Encontrará allí pescadores, agricultores, estupendas playas solitarias y las instalaciones turísticas que atraen a numerosos turistas del país y del extranjero. Allí se encuentra también Telascica, el puerto natural más grande de las islas del Adriático, parque de la naturaleza y rica reserva de musmones. En la costa noroeste de Dugi otok, cubierta de bosques, abundan las anchas bahías de arena; destaca la maravillosa playa de Saharun, con su faro de Veli rat, de 41 metros de alto. A la hora de su construcción, en el año 1949, además de cantos rodados de la vecina playa, en el revestimiento de argamasa fueron mezcladas las yemas de 100.000 huevos, gracias a lo que ni el sol ni el mar han podido perjudicar su belleza. Los amantes de la naturaleza conocen muy bien Boiava, con sus pinares exuberantes.
Sali, la localidad más grande de la isla, vive desde siempre de la pesca. Y echando las redes y sacándolas del mar, llenas y pesadas, sentirá el ritmo profundo de la vida. Y su anfitrión, el pescador Frane, Ante o como se llame ese viejo lobo de mar, le explicará la historia de su vida y le explicará también su filosofía. Y la vida es la red, y el vino, y la konoba - la bodega -, y el silencio de las noches en la isla durante las que se oye únicamente el canto de los grillos y de las olas. Es también la canción del abuelo, engañado por las aceitunas, el pescado y el jamón serrano, que siempre incitan a beber otra copa más de vino, de manera que explica por enésima vez sus anécdotas sobre el mar y los lejanos puertos.
Según la leyenda, el archipiélago de Kornati, un verdadero laberinto de canales y de islas, nació de un puñado de piedras que le habían sobrado a Dios tras haber creado el mundo. Las arrojó al mar, las observó y decidió que no había nada que retocar. "Los dioses han querido coronar su obra y, el último día, de sus lágrimas, de las estrellas y de su aliento crearon las islas de Kornati", dijo el célebre Georges Bernard Shaw describiendo ese archipiélago, el más desarrollado del Mar Adriático y del Mediterráneo, compuesto de en total 140 islas, islotes y rocas. El archipiélago es fascinante desde muchos puntos de vista, pero el rasgo más extraordinario de su belleza son los acantilados, las costas abruptas de ciertas de sus islas que, desde una altura de hasta cien metros, se pierden verticalmente en las profundidades del mar. El archipiélago es único en el mundo por sus costas desarrolladas y su belleza. Comprende también centenares de kilómetros de sin argamasa que separan los viñedos. En las islas existe toda una serie de pequeños pueblos de pescadores y de casas que están habitadas sólo temporalmente. Particularmente atractiva es la llamada Vela Ploca, Gran Losa, en la costa norte de la isla de Kornat, una superficie calcárea lisa inclinada bajo un ángulo de 30 o de 40 grados, que se extiende sobre una superficie de una hectárea aproximadamente. Las islas más grandes son Kornat, Zut, Piskera, Kurba Vela y otras.
El mar que rodea las islas de Kornati, proclamadas parque nacional, es extraordinariamente rico en pescado, de manera que el archipiélago es un destino frecuente de pescadores deportivos. El valor de esta zona se ve completado por las ruinas histórico-culturales de una fortaleza iliria, una villa romana en Mala Proversa, la iglesia paleocristiana de Sv. Marija, Santa María, y varias fortificaciones y localidades medievales. Para los aficionados a la navegación, particularmente fascinados por estas islas, han sido construídos los centros náuticos de Zut y Piskera.
En el collar de las islas cabe destacar también la pintoresca isla de Murter, de una superficie de 18,6 kilómetros cuadrados, unida a tierra firme únicamente por un puente levadizo, de 12 metros de largo, cerca de Tisno. Esta isla de pescadores, de olivareros y de constructores navales, es la isla habitada más grande y más próxima a tierra firme de toda la región de Sibenik. Murter, con la aglomeración costera de Hramina, que se ha desarrollado en una ancha bahía bordeada de bosques, con, muy cerca, en un pinar, la cala de arena de Slanica, con un hotel y un camping, es el centro turístico más importante de la isla. Hay tres más: Betina, Tisno y Jezera. Prvié, muy cerca de la pequeña ciudad turística de Vodice, es un oasis de la flora y la fauna mediterráneas.
Al suroeste de Sibenik se encuentra la isla de Zlarin, conocida desde el siglo XV gracias a la pesca de corales y de esponjas, actividad a la que está dedicado también el museo local. Un collar de corales alrededor de su cuello le recordará durante los largos inviernos esta isla realmente excepcional. Al oeste de Zlarin se encuentra la isla de Obonjan, conocida bajo el nombre de Isla de la Juventud. La isla de Kaprije debe su nombre al alcaparro, planta mediterránea cuyos botones se usan como condimento. Kaprije, gracias a sus numerosas bahías y bonitas playas, es la destino predilecto de los propietarios de yates. Zirje es la isla más lejana del archipiélago de Sibenik, con muy buenas posibilidades para la pesca y con numerosas bahías idóneas para los deportes náuticos. Desde los tiempos más remotos sirvió de puesto avanzado, y en el siglo XVI fue construida en ella una fortaleza, cuyas ruinas se han conservado hasta hoy en día. Krapanj, de una superficie de 0,36 kilómetros cuadrados y de 7 metros de altitud, es la isla más pequeña y más baja del archipiélago, pero también la más densamente poblada. La producción de esponjas es la actividad principal de los habitantes de su pequeña localidad.
LOS ÓLEOS DÁLMATAS
A medida que uno va avanzando hacia el sur, los colores se vuelven cada vez más intensos, y las acuarelas o, luego, las pinturas al temple del Alto Adriático, se convierten aquí en óleos de colores intensos y de una percepción única. Es una armonía que no dejará indiferentes ni a los artistas más exigentes. Uniendo en sí la belleza de la naturaleza y la de la arquitectura, consigue hacerle olvidar los rascacielos y los atascos y alcanzar, aunque sea por un momento, la dicha tan difícil de cautivar. En Trogir, según la opinión general, Venecia en pequeño, eso será, quizás, algo más fácil que en otras partes. En esta ciudad fue encontrado un relieve griego del siglo IV antes de Cristo representando Kairos, dios del momento oportuno. Puesto que siempre está corriendo, con una mecha en la frente y calvo en la nuca, es, cual la fortuna, inasequible. Sin embargo, siempre está presente.
Al llegar a Split y a Dubrovnik, ciudades-monumento bajo la protección de la UNESCO, que forman parte del patrimonio croata y mundial, sus emociones alcanzarán su apogeo. Después del "desmenuzamiento" en la parte central del Adriático, más al sur las islas vuelven a ser más grandes, más raras. Debido a un clima particularmente agradable y a un gran número de horas de sol, muchas localidades, sobre todo en la isla de Hvar, son muy idóneas para pasar en ellas las vacaciones de invierno.
"Frente a" Split, ciudad de una armonía excepcional, que encierra grandes valores histórico-culturales y que tiene un aeropuerto y un puerto marítimo, se extiende la isla de Brac, la más alta y la tercera más grande del Adriático. Está cubierta de pinares, viñedos y olivares. El mármol blanco de Brac ha sido utilizado para la construcción de numerosos y famosos edificios del mundo entero. Mencionemos tan sólo el Palacio de Diocleciano de Split y la Casa Blanca de Washington. El "Desierto" de piedra llamado Blace, centro de ermitaños glagolíticos, es el complejo arquitectónico más singular de Brac. Dominando Murvica se encuentra la cueva de Drahonjina que encierra unos relieves grabados en piedra, de un gran valor artístico.
En las costas sinuosas de Brac, si así lo desea, podrá disfrutar de una de las numerosas bahías o de las playas de arena y de guijarros que se encadenan sobre unos 10 kilómetros de largo. Su entusiasmo culminará en Bol, principal centro turístico, situado al sur de la isla. Se quedará maravillado a la vista de sus playas, siendo la más interesante entre ellas, sin duda alguna, la playa de Zlatni Rat, Cabo de Oro, hecha de cantos rodados, que se mueve ahora hacia un lado, ahora hacia el otro. El viento y las olas son los creadores de su forma, que es siempre diferente e irrepetible.
Incluso cuándo las vacaciones hayan sido reemplazadas por la vida cotidiana, guardará un bonito recuerdo de los olivares y de los pescadores de Brac, de sus paseos, de las ventanas entreabiertas por-las que espiaba las ancianas del pueblo. Y el visitante y el anfitrión, gracias a los higos secos y aguardiente del país, vencerán las barreras de sus dos mundos tan diferentes.
En Brac hay varios pueblos y centros turísticos, como por ejemplo Postire, Milna, Supetar. Cada uno con sus playas de arena, sus hoteles, sus campings. Con sus escaleras de piedra, para sentarse a escuchar, durante las noches de verano, las canciones de las klape locales. Y donde se hacen amistades, de aquellas que duran toda la vida, donde nacen nuevos y se revivifican los viejos amores.
Para los turistas es importante saber que la isla de Brac posee su propio aeropuerto.
Al sur de Brac se extiende Hvar, la isla más larga del Adriático. Es una isla de viñedos, de olivares y de campos de lavanda. Una isla con un mar limpio, de cobalto, y numerosos manantiales de agua dulce, y todo un campeón de horas de sol, con mucha sombra natural para los que hayan escogido su frescura. Podríamos hablar largo y tendido sobre los orígenes de la historia croata en Hvar. Allí fue encontrado un relieve representando el barco más antiguo de Europa. En la ciudad de Hvar se encuentra también el teatro comunal más antiguo de Europa, fundado en el año 1612 en una de las plazas renacentistas más grandes de la ciudad, la catedral renacentista con su campanario original, un rico tesoro y pinturas de los viejos maestros. Entre los edificios de estilo gótico tardío cabe destacar el palacio, sin terminar, del poeta renacentista Petar Hektorovié. Del Palacio del Rector se ha conservado la torre del reloj, y junto a ella, una monumental loggia renacentista del siglo XVI.
Stari Grad en la isla de Hvar fue fundada en el año 385 antes de Cristo como colonia griega de Pharos. Está situada en lo más profundo de una bahía de 6 kilómetros de largo. En el emplazamiento de la ciudad han sido encontradas, entre otras cosas, los restos de las murallas griegas, y se ha conservado también el palacio fortificado del poeta renacentista Petar Hektorovié, del siglo XVI, con un vivero de peces y arcadas. Vrboska, situada en lo más profundo de una larga bahía protegida, se caracteriza por la armoniosa arquitectura de las casas de piedra en las dos riberas de la bahía, unidas entre sí por toda una serie de pequeños puentes, y por una imponente iglesia-fortaleza, que data del siglo XVI. En Vrboska se halla también un museo marítimo, el más importante de ese tipo de la Costa del Adriático. Sin duda alguna, Hvar es una isla excepcional para pasar en ella unas vacaciones de verano o de invierno muy agradables. Gracias a su clima suave en invierno y a su rica vegetación subtropical, se ha ganado el nombre de Madeira croata.
Particularmente interesante es el archipiélago de Pakleni otoci, pequeñas islas en parte cubiertas de bosques, con sus playas de arena o de guijarros, la mayor parte de ellas nudistas, y un fondo del mar rocoso, idóneo para la pesca submarina. El bosque lindante con la playa esconde una fortaleza, rodeada de un precioso jardín botánico. El archipiélago dispone también de un centro náutico. Bonitas son esas islas, que deben su nombre - Islas de la Pez - al barniz para los barcos que se preparaba en ellas.
Frente a Split se halla también la isla de Solta. La vegetación en ella es escasa, las costas abruptas y muy sinuosas. Grohote, su localidad principal, está situada en el interior de la isla, y Maslenica es su puerto principal, con un fondeadero para los barcos pequeños y una playa con un hotel moderno y un camping. En la bonita bahía de Necujam vivió, en el paso entre los siglos XV y XVI, el célebre poeta y humanista croata Marko Marulic.
Lejos de tierra firme y de las preocupaciones se encuentra la isla de Vis, conocida por sus pescadores, sus marinos, su bella naturaleza y por una rica oferta turística. La isla está cubierta de palmeras, muchas de las que, originarias precisamente del vivero de Vis, embellecen numerosas ciudades costeras croatas. En el siglo IV los griegos habían fundado en la isla de Vis su primera colonia (Issa) y plantaron la primera cepa. Sobre las ruinas del teatro griego y romano, en la pequeña ciudad de Vis, fue construído, en el siglo XVI, un convento de los franciscanos, habiéndose conservado también dos iglesias de los siglos XVI y XVII y toda una serie de casas renacentistas.
Al suroeste se encuentra la isla de Bisevo, cuya superficie es de seis kilómetros cuadrados. Sus orillas abruptas esconden muchísimas cuevas, entre las cuales destaca particularmente la llamada Cueva azul (Modra spilja), con una entrada sobre, y otra entrada bajo el nivel del mar. Cuando el mar está tranquilo, la luz cae bajo tal ángulo que los objetos y las personas en la cueva se tiñen de un color azul, y los de dentro del agua, de un color plateado. Según los efectos de la refracción de la luz, esta cueva es más bonita aún que la de Capri.
Mucho más grande es la cueva de Medvidina, situada en la costa meridional de Bisevo, que tiene una monumental puerta natural. La galería tiene 160 metros de largo y conduce a la playa, donde una vez era posible ver un mamífero, hoy casi desaparecido del Adriático, llamado foca monje u osa mediterránea (monachus monachus), al cual la cueva debe su nombre ("Cueva del oso").
Forman parte del archipiélago de Vis también las islas de Svetac (Santo) o Sveti Andrija (San Andrés), de Jabuka y de Brusnik, y el archipiélago de Palagruia.
Al oeste de Vis surge del mar en forma de pirámide la isla de Jabuka. Sus rocas negras de origen eruptivo, de 96 metros de largo, desaparecen casi verticalmente en las profundidades del mar. En sus proximidades la brújula se desviará de la dirección correcta a causa del magnetismo natural de la isla. En el mar abunda el pescado y la langosta, y en la isla habita el endémico lagarto negro.
Aunque "oficialmente" península, Peljesac se parece muchísimo más a una isla. La isla de Koréula está separada de ella por un estrecho canal. Ston y Mal¡ Ston, dos pequeñas ciudades pintorescas, son, después de Dubrovnik, los burgos más importantes y mejor fortificados de la antigua República de Ragusa. Las macizas murallas medievales de Ston, perfectamente conservadas, fueron construídas en los siglos XIV y XV; protegían las propiedades y las grandes salinas. Los mejillones de la bahía de Mal¡ Ston y los famosos vinos postup y dingac tienen mucha fama. Las casas de los capitanes de la conocida ciudad de Orebié, situada en la península de Peljesac, cuyas puertas los propietarios estarán encantados de poder abrir para usted, esconden todavía sus antiguos muebles artísticos y sus majestuosos objetos de cocina de cristal, plata y porcelana. El enriquecimiento y el permanente contacto de los marinos con los mundos oriental y occidental se reflejaron en la manera de vestir de las mujeres, cuyos trajes populares, según el ejemplo de las prendas femeninas de la nobleza europea, se hacían de tejidos suntuosos.
Aunque es verdad que una ciudad es siempre diferente de otra, y que una isla no es jamás idéntica a otra, Korcula, sin duda alguna, ocupa un lugar aparte. Tal vez en ella haya más leyendas, más historias y más monumentos que en otras partes. Las ciudades más conocidas de la isla son: Korcula, Lumbarda, Vela Luka. En Lumbarda fue encontrada, redactada en lengua y en caracteres griegos, la psefisma de Lumbarda, el monumento escrito más antiguo de toda Croacia. Según la leyenda, Koréula fue fundada en el siglo XII antes de Cristo por el héroe troyano Antenor. Los italianos también lo reclaman como fundador de la ciudad de Padua. Los escritores antiguos, griegos y romanos, mencionan la ciudad llamada Korkyra Melania, fundada por los colonizadores griegos de Knidos, que, según las mismas fuentes, ya en el siglo IV acuñaba su propia moneda. La versión latina del nombre es Corcyra Nigra, Corcyra la Negra, a causa de los espesos bosques que cubrían la isla. Korcula es, después de Lokrum y Mljet, la isla croata más cubierta de bosques.
Numerosos son los testimonios de una vida social muy desarrollada en Korcula a partir del siglo XIII. Precisamente el Estatuto de Korcula, del año 1214, el más antiguo de los estatutos de las ciudades dálmatas, menciona, por primera vez en Europa, la prohibición de practicar la trata de esclavos. Los Estatutos hablan también sobre la organización y la gestión de la municipalidad, y estuvieron en vigor hasta la instauración del poder francés, en el año 1806. A finales del siglo XIII tuvo lugar en las cercanías la batalla naval entre las naves de Venecia y las de Génova, en la cual, del lado de Venecia, combatió también Marco Polo, célebre viajero y gran escritor de relatos de viaje que, según ciertos testimonios, nació en Korcula.
Los habitantes de Korcula eran célebres canteros, constructores navales y marinos. Enseñaban su arte de canteros, de escultores y de arquitectos por toda Dalmacia, pero sus mejores obras nos las legaron en Dubrovnik y en su ciudad natal, traducidas en edificios en estilo gótico tardío, renacentistas y barrocos. La Catedral de San Marcos, la construcción más valiosa de Korcula, fue construida durante 150 años por los arquitectos ragusinos. En su larga historia, esta ciudad de planta regular en forma de raspa fue testigo de muchas batallas navales. Hasta hoy en día las calles de las ciudades de Korcula se animan en verano resucitando la tradición de la danza caballeresca llamada moreska, que data de finales del siglo XV. El juego, que evoca las luchas contra los árabes, había sido popular en todo el Mediterráneo, pero se ha conservado únicamente en Korcula. Los sinónimos del bien y el mal, el rey blanco y el rey negro; encabezando sus ejércitos, luchan por la doncella. Felizmente, el rey blanco acaba ganando la batalla. En Blato, localidad construida, igual que Roma, sobre siete colinas y que tiene una preciosa alameda de tilos, se ha conservado otro juego caballeresco interesante, la llamada kumpanija, que simboliza la lucha por la libertad.
Tampoco faltarán enamorados de la isla de Lastovo, de una superficie de 50 kilómetros cuadrados, ubicada lejos en alta mar, con una costa muy desarrollada, playas de arena y de guijarros y algunos islotes esparcidos a lo largo de sus costas occidental y oriental. La capital de esta isla de viejos pinares es Lastovo, bonito ejemplo de localidad mediterránea construida en forma de terrazas. Las casas están construidas las unas detrás de las otras, ya que todo el mundo tiene derecho a tener sol, aire y una bonita vista. Al oeste de Lastovo se encuentran los islotes de Mrcar y de Prizba. Prizba está situada muy cerca de Lastovo, creando estas dos islas dos bahías de una belleza excepcional: al norte, el llamado Malo jezero, Lago Pequeño, y al sur, el llamado Velo jezero, Lago Grande, los dos protegidos de los vientos. Las costas de la isla son rocosas, con numerosas calas de fácil acceso y muchas playas. Al oeste y al este hay muchos islotes deshabitados, grandes o pequeños, escondiendo en sus bahías numerosas playas de arena, cuyas orillas están cubiertas de bosques.
Paralela a la península de Peljesac se extiende la isla de Mljet, de una superficie de 100 kilómetros cuadrados. A causa de sus viejos bosques de pino carrasqueño y de pino piñonero, de sus cuevas cársticas, de sus dos lagos pintorescos, unidos entre sí y con el mar, de sus numerosas playas de arena y de guijarros, de una rica reserva de pescado y de langosta, la parte occidental de la isla ha sido declarada parque nacional. En la isla de Mljet hay unas diez localidades pequeñas, con bonitas playas y unas condiciones ideales para la pesca submarina. A lo largo de la isla hay restos de unas fortificaciones ilirias, destacándose, de la época romana, la basílica paleocristiana de Polace y una parte bien conservada de un palacio paleo bizantino. El monumento más valioso del arte románico es el convento construido en el islote situado en medio del Lago Grande (Veliko jezero). ¡Una isla en el corazón de otra isla! En el siglo XII los benedictinos construyeron en ella un convento, el cual, en el siglo XVI, se vio absorbido por un edificio renacentista y fue fortificado con unas murallas macizas y con una torre.
Al igual que en el caso de las islas del Alto Adriático, catorce es el número mágico de las islas Elafitas. Ese archipiélago, situado frente a Dubrovnik, la perla turística, junto con la pequeña isla de Lokrum, se extiende sobre una superficie de 90 kilómetros cuadrados, aunque ocupa efectivamente tan sólo una tercera parte de dicho espacio. Vladimir Koppen, meteorólogo y climatólogo alemán, puso al clima del Adriático del Sur, es decir, también al clima de las islas Elafitas, el nombre de "clima del olivo". La costa del continente frente al archipiélago de Elafitas es muy abrupta, de manera que crea una protección natural de los vientos fríos. La costa de las islas que da al sur y a alta mar, en forma de acantilados, está deshabitada; los pueblos se han puesto a cubierto en las bahías. Allí se está bien incluso durante los calores tórridos del mediodía. El fondo rocoso del mar de las islas Elafitas está cubierto de algas verdes, marrones y rojas, y en el mar abunda el pescado blanco, los crustáceos y los moluscos, gracias a lo que, para disfrutar de las delicias culinarias, desde el mar hasta la mesa no se necesitan ni vendedores ni intermediarios, ni mucho menos neveras.
En la zona del Canal de Mljet y cerca de la isla de Sv. Andrija, San Andrés, se encuentra un campo de corales. Ese mundo rico y variado bajo la superficie del mar es particularmente interesante para los pescadores que, si consiguen levantarse pronto, descubrirán, gracias a la posición y a los movimientos de las barcas de pesca de los pescadores locales, las zonas en las que siempre abunda el pescado.
En las islas Elafitas, los abruptos acantilados están adornados con una corona verde de pinos gigantescos. La naturaleza y el hombre llevan siglos conviviendo pacíficamente en ellas. En la isla de Kolocep la vegetación es subtropical, hay pinos, cipreses, palmeras, áloes, cactus y cítricos. Y muchas flores fragantes. Los que deseen huir del tumulto urbano estarán encantados con los agradables paseos, las bonitas playas y las múltiples calas, donde podrán pasar, sin ser perturbados, sus vacaciones bien merecidas. En la isla de Kolocep vive aún la leyenda sobre el origen del nombre de los cabos de Cavalika y de Macus. Reza la leyenda que el joven Macus se enamoró, aún de niño, de la hermosa chiquilla Cavalika. Cuando crecieron, se casaron y vivieron felices hasta la muerte. En honor de los amantes inseparables, los lugareños pusieron su nombre a dos cabos de su isla, que les recuerdan el amor invencible. Para siempre.
SU PARTE DEL SUEÑO
Es sólo una pequeña parte de lo que podríamos decir sobre las islas croatas. Todo lo demás - y queda mucho, muchísimo - lo irá descubriendo usted mismo al ir conociendo poco a poco este país, en el que cada isla es un capítulo aparte. Bonito, irrepetible y - sólo suyo. La vida y el tiempo se miden aquí a un ritmo diferente. De un verano hasta el verano siguiente, de la despedida hasta un nuevo encuentro. Porque, vendrán también los que habíamos esperado durante mucho tiempo. Hablando una mezcla curiosa de dos lenguas, habiendo adquirido el idioma materno un nuevo acento, sin ser olvidado jamás. El puro cálculo racional decidió a la hora de escoger el lugar de residencia permanente. La cuestión del corazón es otra cosa. Y en verano es el corazón el que lleva la voz cantante.
Porque, la gente de las islas se marchaba desde siempre en búsqueda de una vida mejor. Se marchaban los marinos, las abandonaban también los que, tan lejos de tierra firme, no encontraban en ella ni trabajo ni futuro. Pero, su corazón se quedó en ellas para siempre. Y vuelven, cada vez con más frecuencia, y se quedan cada vez más tiempo, el hijo, la nuera, los hijos y los nietos. Originarios de la isla por haber nacido en ella o por cédula de matrimonio, irán volviendo siempre y sentirán que su corazón se pone a latir al ritmo de las campanadas de la isla. Mary vuelve a ser la Mara de siempre, y Steve, como decimos aquí, Stipe.
Las reglas de la vida en la isla están claras. Tan sólo la llegada de los turistas, estos nómadas modernos, cambiará algunas de ellas. Y los que, buscando una vida mejor, se aventuraban al mar o se marchaban al continente, vuelven cada vez con más frecuencia. Y abren de par en par las puertas de sus casas reconstruidas o nuevas, tales como las habían visto en los países extranjeros. De lejos. Y una mesa repleta de pescado, de vino y de fruta se verá sazonada con anécdotas sobre la vida en un mundo lejano, donde las islas, la lavanda y los olivares son mero sueño.
En una konoba (bodega) típica o en alguno de los restaurantes de lujo, en la casa de un viejo pescador o bien en un hotel de alta categoría, usted también se sentirá impregnado del espíritu peculiar de las islas. Ese espíritu será igualmente penetrante en las calles de una ciudad o junto a una fuente donde nunca se puede estar solo. Allí siempre hay mucha gente y muchos deseos, muchas canciones y mucha alegría, muchas miradas secretas y nuevos amoríos. Los veranos son particularmente alegres en las islas. Se abren entonces las puertas de las casas de los viejos capitanes, que habían conocido días mejores, pero que aún guardan el tesoro traído de los viajes. Cada retorno significaba también más dólares, más telas y más oro.
Y todo estaría bien, tal como debe estar, de no haber sido provisional. Y nadie preguntaba cuándo iban a volver a izar las velas. Sabían todos que ya ocurriría algún día. Y que el oro, la riqueza y las esperas eran un precio demasiado alto de las siempre eternas despedidas. Pero el mar es el destino de los marinos. Hay que navegar, vivir ya no tanto, decían los viejos romanos. Los países lejanos los llaman, y las profundidades amenazan...
La estancia en las islas croatas, hoy en día tan alejadas de tierra firme por su modo de vida específico, pero también unidas a ella por numerosos aviones, barcos y transbordadores, es siempre una aventura. La estancia en una de esas islas será un paso extremadamente importante en su esfuerzo permanente por alcanzar un momento de dicha sólo suyo. Y, aunque sea inalcanzable, aquí, sin duda alguna, le estará más cerca que en otras partes.
Las viejas calles de las ciudades se animarán en verano gracias a las obras de teatro, a las veladas de música y a las fiestas religiosas. Se llenarán de canciones de las klape locales y de fiestas en las que abundará el pescado, los excelentes vinos y la risa. Puede optar por ser un Robinsón. Puede explorar una naturaleza intacta o recobrar sus fuerzas lejos del mundo. A su disposición están los hoteles de lujo, cuya oferta ocupará cada momento de su jornada. Las entradas en puertos seguros y en los muchos centros náuticos modernamente equipados. Bailará al ritmo de una música añorada. Irá de excursión a lugares cuya belleza le dejará sin aliento. O bien, porque así lo desea, se detendrá temporalmente en una de sus islas preferidas. Islas que llevarán su nombre. Y que, a partir ele ese primerísimo encuentro, se volverán su sueño particular.
LOS SUPERLATIVOS DE LAS ISLAS
Cada una de las islas croatas es única por su belleza y sus características, cada una de ellas tiene un superlativo particular. Le descubriremos algunos de ellos, aunque estamos convencidos de que cada persona encontrará en las islas del Adriático croata uno o más superlativos propios. A decir verdad, la oferta es realmente grande...
- La isla croata más grande es Krk, cuya superficie corresponde a 409 kilómetros cuadrados.
- La isla más larga no es Dugi otok, como podríamos creer a causa de su nombre (Isla Larga), sino la isla de Hvar, que tiene 68 kilómetros de largo, y una superficie de 300 kilómetros cuadrados.
- La más alta es la isla de Brac: la cima de Vidova gora (799 metros) es el pico más alto del archipiélago del Adriático.
- La isla más cubierta de bosques de todo el Adriático es la isla de Mljet: hasta un 72% de su superficie total está cubierta de bosques, un 22% corresponde a tierra cultivable, y un 6% está hecha de pedregal.
- La isla con más horas de sol del Adriático, y en general el lugar más soleado de toda Croacia, es la isla de Hvar, en la que se cuentan 2.718 horas de sol al año. La insolación anual media en el Adriático corresponde a 2.600 horas de sol al año.
- Dubrovnik, Korcula y Hvar, según las estadísticas, se cuentan entre las regiones con las temperaturas más altas en el mes de enero de toda Croacia. La temperatura media en enero en Dubrovnik asciende a 9,2 grados centígrados, en la isla de Korcula, a 9 grados, y en la isla de Hvar, a 8,7 grados centígrados.
- El lago natural más grande de Croacia es el lago de Vransko, en la isla de Cres, que tiene 5,5 kilómetros de largo, 1,5 kilómetros de ancho y una superficie de 5,75 kilómetros cuadrados.
CADA ISLA - UN JARDIN BOTANICO
Mil son las razones para visitar Croacia. Los unos la escogerán por su mero deseo de pasar unas vacaciones agradables, los otros explorarán sus monumentos histórico-culturales, mientras que los terceros vendrán deseosos de hacer deporte, navegar, deleitarse con una naturaleza virgen... Para cada uno de ellos la riqueza de la flora croata será importante por una razón distinta. Pero, lo cierto es que lo será siempre.
Uno de los motivos de la visita, tanto principal como secundario, puede ser también la exploración de la rica flora de este país. La orientación hacia el mar y los países lejanos añadieron a las plantas autóctonas de la región algunas plantas originarias de unas zonas climáticas muy diferentes. Y todas juntas han creado un mundo armonioso, verdaderos jardines botánicos sin nombre, sin fronteras y sin propietarios. Porque, durante su estancia en el país, serán también suyos.
En Croacia crecen unas 4.300 especies vegetales. La gran sinuosidad de la costa ha favorecido la aparición de especies endémicas, 703 de las cuales están concentradas en el suelo cárstico de los Alpes Dináricos, y 130 plantas endémicas puras crecen únicamente en Croacia. Con sus 1.430 especies vegetales y sus 43 plantas endémicas, la más rica es la isla de Krk, situada en la parte norte del Adriático. Las demás islas son más pobres en especies vegetales, teniendo cada una de ellas unas mil, mientras que las islas más lejanas y más secas tienen menos de 600 especies vegetales. Las profundidades del Mar Adriático están habitadas por 764 especies de algas rojas, marrones y verdes.
Esto sería todo sobre la flora croata en términos utilizados por expertos. Para todos los demás, las numerosas islas croatas son bonitas por su vegetación exuberante. A pesar de encontrarse lejos en alta mar, bajo el implacable sol mediterráneo, están verdes y cubiertas de bosques, de manera que él que lo desee, podrá hallar sombra y protección del sol. Los visitará a causa de la armonía de su naturaleza virgen, de sus árboles de hoja perenne, los cipreses, los pinos, los laureles... O bien a causa de sus grandes olivares centenarios, la lavanda de Hvar, el mirto en flor. .. Para otros, la más impresionante será una mandarina o un limón que cogerán de una rama grávida de frutos, los interminables viñedos que anuncian una rica vendimia y un buen vino...
Pero, aquí se acaban las historias sobre la flora para dar paso a las de la riqueza y la variedad de los manjares...
A DONDE SE VAN LOS PÁJAROS.
Cuando, al expirar el verano, los pájaros se van de su país, ¿sabe adónde se dirigen? Cuando venga a Croacia en búsqueda de los últimos rayos del sol o de un invierno suave, encontrará algunos de ellos en las islas croatas. Y reconocerá que, aunque se trate de un instinto innato, han sabido escoger.
En la isla de Cres, por ejemplo, se encuentra una de las últimas reservas del buitre de cabeza blanca (Gyps Fulvus). Los bosques de muchas de las islas son ricos en animales. Hay liebres, ciervos y ardillas, pájaros de todo tipo y muchos otros animales. Tan sólo las especies endémicas son raras - la distancia entre las islas y tierra firme es demasiado pequeña para que en ellas se puedan desarrollar especies autóctonas. Por lo general se repite, aunque más pobre, a causa de la distancia, la fauna costera. Sin embargo, para los expertos será interesante descubrir los rasgos particulares de ciertos caracoles, insectos o lagartos, que se distinguen de su especie por su tamaño y por sus colores. En la isla de Braé ha sido colonizado recientemente el ciervo americano de cola blanca, en las islas de Brijuni, el ciervo axis, r-*_-Aras que a principios de este siglo fue importado a la isla de Mljet, y más tarde también a otras islas, un pequeño mamífero indio llamado mungo. Pero, es indudable que para usted mucho más importante será saber que las especies animales aquí no se extinguen. La naturaleza virgen es su ambiente medio natural y, para los ciudadanos de muchos países en los que la armonía entre la naturaleza y la construcción urbana ha sido amenazada, Croacia es una verdadera escuela sobre los animales y las leyes de su vida salvaje.
Al igual que todas las cosas secretas, diferentes e inaccesibles para la mayoría de la gente, un interés especial lo suscita el mundo oculto de las profundidades del mar. Los corales, las algas, los peces, las conchas... para los pescadores deportivos, pero también para todos los que deseen deleitarse con las bellezas inexploradas, el mar esconde verdaderas aventuras.
En el Adriático viven más de 350 especies de peces y muchas especies de cefalópodos, crustáceos y moluscos. Además, el Adriático croata es uno de los mares más ricos en pescado, crustáceos y moluscos nobles. Un paraíso para los gastrónomos más exigentes.
BUEN PROVECHO Y - ¡A SU SALUD!
Entre los centenares de especies de la rica fauna del Adriático se encuentran numerosos pescados, crustáceos, moluscos y cefalópodos muy apetitosos; además, muchos de los conocedores más competentes consideran que el pescado blanco y los crustáceos del Adriático son los mejores de toda la oferta mundial. Es por eso que nuestro mar es un destino de primera categoría para los gastrónomos más exigentes.
Para los que se deleitan con las langostas, las cigalas, las ostras, los dátiles de mar, los mejores pescados rociados con excelentes vinos, no cabe ninguna duda - acaban de encontrar su rincón del universo. Igualmente satisfechos quedarán también los que, en vez del marisco, opten, por ejemplo, por el apetitoso cordero asado de Cres, cuyo sabor, debido al pasto salado de la isla, es muy particular. El queso de Pag es una delicia gastronómica comparable, desde el punto de vista de su calidad, con los mejores quesos franceses. El secreto de su sabor particular consiste en la atmósfera y la tecnología de su preparación. Se hace de leche de cabra y, durante el tiempo de fermentación, se baña varias veces en aceite de oliva, el cual le da un aroma y un sabor especiales. Por eso, precisamente, no es tan sólo un descubrimiento gastronómico, sino también un bonito recuerdo.
El clima mediterráneo, claro está, se ha reflejado en la cocina, de modo que los platos típicos se preparan "na leso", hirviendo los ingredientes y sazonándolos después con aceite de oliva y otros condimentos. Se trata de platos excepcionalmente apetitosos y ligeros que, además, le ofrecen la ventaja de poder comer varias veces al día.
Los ricos viñedos y la buena voluntad de la gente local de satisfacer los antojos, propios y de los amigos, tienen como resultado varias clases de vino famosas, de una calidad muy alta. En la costa, los más conocidos son los vinos tintos, en Istria, el teran, el merlot y el cabernet, y más al sur, el opolo, el plavac, el dingac, y el postup... Entre los vinos blancos de la costa cabe destacar el malvazija, el zlahtina, el posip, el kujundzusa, el grk.. .
Todo esto es tan sólo una pequeña parte de la riqueza gastronómica que descubrirá al ir conociendo la cocina de las islas croatas. Porque, cada región añadirá algo particular, diferente, pero igual de apetitoso. O incluso mejor.
Por eso: buen provecho. Y - ¡a su salud!
ÉSTA ES CROACIA
Croacia, país de una historia milenaria, ha sido inscrita en los mapas geopolíticos de la Europa moderna apenas a principios del año 1992. Se extiende sobre una superficie de 56.538 kilómetros cuadrados y tiene 31.900 kilómetros cuadrados de mar. La línea de la costa con las islas tiene 5.789 km de largo. Según el último censo, del año 1991, Croacia tiene unos 4,8 millones de habitantes.
La capital de Croacia es Zagreb, ciudad con un encanto centroeuropeo, que en 1994 celebró el 900 aniversario de su Obispado.
Croacia es un punto de encuentro del Mediterráneo y de Europa Central, de los Alpes y de la Panonia. Gracias a las características de cada una de estas regiones, Croacia es en realidad una incomparable armonía de diferencias.
Aunque es interesante, en primer lugar, por su costa con el Adriático y por sus islas, Croacia a los curiosos ofrece también otras sorpresas y desafíos: los bosques de Gorski trotar, región montañosa situada entre la parte norte de Croacia y la costa, fascinarán a los amantes de la naturaleza, a los excursionistas, a los alpinistas, a los aficionados a los deportes de invierno y a los cazadores. ¡A tan sólo dos pasos del mar! Desde el punto de vista turístico es igualmente interesante la región de Lika, separada del mar por el imponente monte Velebit. Los palacios barrocos y los manantiales de agua termal de la región de Hrvatsko zagorje, la región de Podravina encajada entre el río Drava y las colinas cubiertas de bosques del monte Bilogora, o bien la región de Eslavonia, llanura fértil y cultivada, todo eso hace a Croacia única y excepcional.
El optimismo turístico croata, además de la variedad de sus paisajes y sus bellezas naturales, se basa en primer lugar en su naturaleza virgen. Sin duda alguna, al escoger Croacia, vendrá a uno de los países turísticos menos saturados del Mediterráneo septentrional, el cual ha respetado, por regla general, los planos urbanísticos y ha conseguido evitar el estrés ecológico del desarrollo industrial y urbano. Gracias a ello, hoy en día, con un 7,5% de su territorio protegido como parte del sistema de parques nacionales o de otro régimen de protección de la naturaleza, y con la clara intención de multiplicar, en un futuro próximo, esas zonas por dos, Croacia representa una región europea extremadamente preciosa y preservada desde el punto de vista ecológico. Conscientes de la impotencia de las palabras, insuficientes para expresar la belleza de todo lo que uno no debe omitir de visitar, mencionaremos tan sólo siete de los parques nacionales croatas, tres de los cuales se encuentran en la zona montañosa (Risnjak, Paklenica y los Lagos de Plitvice) y cuatro en la costa (Krka, Brijuni, Kornati y Mljet). Los tres últimos son islas.
Croacia es también uno de los países europeos que pueden vanagloriarse aún de un medio ambiente no contaminado y una flora y una fauna muy ricas. En su zona continental crecen unas 4.300 especies vegetales, y en el Mar Adriático viven unas 400 especies de peces, cefalópodos, crustáceos y moluscos comestibles.
También los monumentos que forman parte del patrimonio cultural e histórico europeo han asegurado a Croacia una posición importante en la cultura mundial. Limitémonos a mencionar la ciudad-monumento de Dubrovnik, Split y su Palacio de Diocleciano, la basílica de Poreé, el teatro de Hvar, la Catedral de Sibenik...
La historia turística data aquí de mucho tiempo atrás. No fue por casualidad que nuestros vecinos, los austriacos y los húngaros, al darse cuenta de todas las ventajas de un clima sano y de unos paisajes preciosos, empezaron a desarrollar el turismo en la región meridional de Croacia. La Asociación vienesa de Ferrocarriles del Sur, deseando transformar Opatija en balneario y centro de vacaciones organizadas, construyó en esa ciudad, en 1884, el hotel "Kvarner". El capital húngaro construyó, en 1894, el hotel "Therapia" en Crikvenica, mientras que, tres años más tarde, la Lloyd austriaca inauguró en Dubrovnik el hotel "Imperial". A partir de esa fecha hasta hoy en día han ido surgiendo numerosos centros turísticos, inscritos con letras de oro entre los destinos preferidos de los turistas de Europa y del mundo.
Todo lo mencionado arriba y muchas otras bellezas están hoy en día realmente al alcance de la mano: Munich está a 575 km de Zagreb, Viena, a tan sólo 371 km de distancia de la capital croata, Graz, a 188 km, mientras que Trieste se encuentra a tan sólo 126 km de Pula.
(Texto sacado del folleto turístico sobre Croacia "Croacia, pequeño país para grandes vacaciones)
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